Cada 18 de agosto, nos detenemos a reflexionar sobre la solidaridad, un valor que San Alberto Hurtado encarnó de una manera conmovedora. Era un hombre con una pregunta en el corazón que resonaba en cada uno de sus actos: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Esa pregunta no ha perdido su vigencia; por el contrario, resuena con una fuerza inusitada en los desafíos que enfrentamos en nuestro tiempo.
Nos hemos acostumbrado a una solidaridad que responde a lo visible, a lo más evidente. La mano extendida que se ofrece frente a un desastre natural, la ayuda material que socorre a quienes lo han perdido todo. Y esas son expresiones hermosas y necesarias, sin duda. Pero la realidad es que el tejido de nuestra sociedad está marcado por dolores más sutiles, invisibles a simple vista. Estamos frente a un sufrimiento silencioso, una soledad profunda que afecta a nuestros adultos mayores, la desesperanza que se apodera de muchos jóvenes, las heridas invisibles de la depresión y la ansiedad, o la angustia de quienes se encuentran sin trabajo.
Un llamado a una nueva forma de solidaridad
La verdadera solidaridad hoy nos pide ir más allá de lo evidente. Nos invita a trascender la urgencia para abrir nuestros corazones a esos dolores que no se ven. Y aquí, en nuestra Zona Centro procuramos una nueva forma de estar presentes, de ser una mano que acoge, escucha y acompaña a través de la creación de espacios donde la conversación sea un puente, donde el silencio se llene de una presencia cercana.
Estos espacios son nuestra manera humilde de seguir la senda de San Alberto Hurtado, de preguntarnos nuevamente ¿Cómo estaría Cristo en medio de nosotros, hoy?. La respuesta que encontramos es un llamado a ser presencia, a hacernos cargo de esos sufrimientos invisibles con el mismo amor y compasión con el que Él lo haría. Es un compromiso que nos invita a construir una comunidad más humana y esperanzada, donde nadie quede al margen de la mirada amorosa de Dios.
Que este día de fiesta nacional, podamos expresar nuestro compromiso por Chile, a pedirle a Dios por nuestro país mediante la intercesión de San Alberto por el bien común y, en tu vida cotidiana, ¿qué pequeño gesto puedes hacer para estar presente en los dolores invisibles de quienes te rodean?
