«¡Alabado sea Jesús Sacramentado!» fue la alabanza que pronunciaron cientos de familias, religiosas, sacerdotes, seminaristas, comunidades parroquiales y jóvenes por las calles de Santiago, este domingo 22 de junio.
La Solemnidad de Corpus Christi comenzó con la Misa en la Iglesia San Agustín, presidida por el Nuncio Apostólico en Chile, Mons. Kurian Mathew Vayalunkal; acompañado por el Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali, junto a Obispos Auxiliares, sacerdotes y diáconos.
Al iniciar la eucaristía, el Nuncio transmitió un mensaje de cercanía que recibió del Papa León XIV para el pueblo chileno, antes de arribar a nuestro país y se comprometió a caminar con nosotros en medio de las alegrías, tristezas y esperanzas.
En su homilía, el Cardenal Chomali recordó que Corpus Christi es el corazón vivo de nuestra fe, “porque en el pan y en el vino consagrados está realmente Jesucristo. Él es nuestro consuelo, nuestra fuerza y nuestra esperanza”.
En ese sentido, nos invitó a que todo don recibido, se lo demos al Señor para que Él lo multiplique y a que creamos firmemente que Jesucristo esta presente en la Eucaristía, con la certeza de que Dios está con nosotros hasta el fin de los tiempos, hasta que Él vuelva.
Luego de la Misa, salimos en procesión hacia la Catedral metropolitana, Templo jubilar en este Año Santo. El Santísimo Sacramento, fue trasladado en anda por fieles de la comunidad y acompañado por cantos, oraciones y una devoción que brotaba en las personas.
En la explanada de la Catedral, se hizo una oración por la paz, la justicia y unidad para todos los que habitan esta tierra y el Arzobispo de Santiago impartió la bendición a la ciudad. Luego, el Pueblo fiel ingresó a la Catedral y en un ambiente de profundo recogimiento se dispuso a adorar a Jesús Sacramentado. Jubilosos dimos testimonio público del amor de Jesús sacramentado
Corpus Christi fue una verdadera fiesta de fe y amor hacia Jesús Eucaristía. Gracias a los voluntarios que hicieron posible esta hermosa jornada: los que armaron alfombras, los que animaron con cantos, los que cuidaron el orden, los que rezaron en silencio. Gracias a todos los que salieron al encuentro de Cristo para proclamar que Él está vivo y camina con nosotros.
¡Que nunca falte en nuestras calles, en nuestras casas y en nuestros corazones la presencia viva de Jesús en la Eucaristía!
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