Corazón Pastoral

Enero 2026

N°5: Discernimiento
¿Adónde nos quieres llevar, Señor?

 

Desde hace tiempo deseo compartir con ustedes una serie de reflexiones pastorales a la luz de nuestra presencia evangelizadora en la Zona Centro de Santiago.

Impulsado además, por la reciente publicación de las Orientaciones Pastorales 2025-2029 de la Arquidiócesis de Santiago, iré entregando una serie de reflexiones con mayor profundidad pastoral, a la luz de la vida que el Espíritu nos va regalando en las diversas comunidades en las que vivimos y anunciamos el Evangelio de Jesucristo.

Este espacio mensual arranca con una inquietud evangelizadora que mueve mi corazón de Pastor en forma de pregunta, y le sigue una sencilla argumentación teológico-pastoral que, ojalá, ayude a anunciar la alegría del Evangelio en nuestra ciudad.

 

 

+ Álvaro Chordi Miranda
Vicario Zona Centro /Vicario para la Pastoral

 

  • Revisa las Orientaciones Pastorales 2025-2029 y el material de trabajo AQUÍ.

 

  • Descarga la reflexiones «Corazón Pastoral» a continuación:
    • N°1 «Proximidad: Nuestra parroquia es el barrio». Descarga AQUÍ.
    • N°2 «Renovación: Una Iglesia renovada en el Espíritu». Descarga AQUÍ.
    • N°3 «Pobres: La brújula para la misión de la Iglesia». Descarga AQUÍ.
    • N°4 «Sinodalidad. Caminar juntos: una forma eclesial de ser comunidad para renovar nuestra misión evangelizadora. Descarga AQUÍ
    • N°5 «Discernimiento: ¿A dónde nos quieres llevar, Señor? Descarga AQUÍ

DISCERNIMIENTO

¿Adónde nos quieres llevar, Señor? 

 

Enero de 2026

 

 

A menudo, en medio del cansancio de nuestras comunidades o ante la incertidumbre de los tiempos, surge la pregunta: ¿Hacia dónde vamos? No estamos ante una simple pregunta administrativa, sino ante un discernimiento esencial propio de la vida cristiana.

Dios “nos ha creado libres y quiere que ejerzamos nuestra libertad”1. Si defendemos la libertad humana sabemos que somos responsables del camino que tomemos. Ninguno puede decidir por nosotros. El discernimiento nos sitúa ante nosotros mismos, ante la realidad y ante Dios. A través de su ejercicio, la persona observa, juzga y decide sobre sí y su entorno. Saber discernir es saber vivir2. Es más, cuando reconocemos que nuestra vida es parte de un proyecto más grande querido por Dios, se transforma en un asunto capital, que nos da la medida del espíritu y de la praxis que deben acompañar a todo cristiano3.

Ante la creciente dificultad de confiar en las personas y en las instituciones, el discernimiento es más necesario que nunca para seguir esperando. Estamos llamados a tomar decisiones personales y comunitarias que requieren de una profunda reflexión, no para mirarnos a nosotros mismos, sino para servir mejor a la ciudad concreta que habitamos.

 

Un horizonte claro: junio de 2026 – Mirar a la ciudad

Acabamos de iniciar la etapa de discernimiento eclesial de las Orientaciones Pastorales en la Iglesia de Santiago. Un tiempo privilegiado de varios meses para que cada comunidad cristiana discierna el plan de Dios en su vida y misión, para convertirse en un espacio donde todos se sienten escuchados, valorados y llamados a caminar juntos en la misión evangelizadora, que se “alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo”4.

Es un discernimiento orientado a ofrecer frutos concretos que se plasman en los planes de acción pastoral, nacidos de la escucha atenta del Espíritu en diálogo con la propia realidad. En la solemnidad de Pentecostés del 2025, nuestro Pastor, el cardenal Fernando Chomali, nos ofreció las Orientaciones Pastorales de la Iglesia de Santiago, tituladas: “Anunciemos la alegría del Evangelio en nuestra ciudad”. Ellas reflejan nuestra realidad y atienden las necesidades planteadas por las comunidades. Hemos impulsado el conocimiento de estas, a través de diversas iniciativas que esperamos nos permitan “ser levadura de una ciudad, que clama por la profundidad, la fraternidad, la justicia y la paz”5.

Un proceso creativo y sinodal

El discernimiento es una gracia del Espíritu Santo que otorga al pueblo de Dios para hacerlo capaz de sentire cum Ecclesia. Es un don recibido en medio del Pueblo y orientado hacia su salvación. Es un remedio contra la inmovilidad, del “siempre se ha hecho así” o del “tomemos un tiempo”. Es un proceso creativo que no se limita a aplicar esquemas, porque las mismas soluciones no son válidas en todas partes6.

Nuestras comunidades –parroquias, instituciones educativas, movimientos, grupos– necesitan crecer en el discernimiento y en la capacidad de discernir. Cuando no hay discernimiento, se cae en la rigidez y en la casuística. Por eso, a la escucha del Espíritu y junto a nuestro pastor, queremos discernir conjuntamente qué orientaciones y qué líneas de acción se van a impulsar en cada comunidad durante los próximos tres años, buscando los medios más convenientes para lanzarse a la misión evangelizadora con mayor audacia y fidelidad creativa.

El discernimiento pastoral implica, ante todo, la aproximación a la realidad, la capacidad de constatar y analizar los hechos y acontecimientos de nuestro tiempo7. Después de analizarlos a la luz de las ciencias humanas y a la luz de la fe, es posible alcanzar finalmente qué orientaciones pastorales y qué líneas de acción concretas se deben seguir. Lo anterior puede generar nuevas prácticas, por ejemplo, que los consejos pastorales revisen su forma de tomar decisiones, o que algunas comunidades abandonen actividades que ya no generan vida, o que los equipos incorporen sistemáticamente la oración y la escucha antes de planificar. El discernimiento puede inquietarnos e incluso desinstalarnos de nuestras seguridades conquistadas, generando tensiones reales entre los miembros, pero que ayudarán a resolver asuntos no solucionados en el seno de las comunidades.

La Iglesia primitiva nos enseña el modo de realizar este discernimiento comunitario en el relato los Hechos de los Apóstoles, cuando se preguntaban si los gentiles necesitaban o no la circuncisión y seguir la Ley de Moisés para recibir la salvación y en qué medida la fe y la gracia de Dios eran suficientes (cf. Hch 15)8. Aquí tres puntos clave:  

· La asamblea convocada tiene la capacidad de llevar a cabo este proceso de discernimiento y de tomar decisiones vinculantes. Es la comunidad en su totalidad9 la que constituye la Iglesia sinodal.

· La importancia de una escucha atenta y respetuosa de la experiencia de cada uno. Acá no se imponen los “roles” eclesiales, sino el valor de cada creyente, miembro de la comunidad.

· La necesidad de ponerse conjuntamente a la escucha de la voz del Espíritu: “no hacemos lo que nos parece, sino lo que queremos hacer, con Jesús y en Jesús, solo lo que el Padre quiere para el bien común de todos”.

 

Un desafío que nos propone el texto bíblico es cómo entender la autoridad de los ministros –los apóstoles y presbíteros– que supervisan el discernimiento comunitario. En Hch 15, 6 se recurre a la autoridad para dirimir la cuestión. Son Pedro y luego Santiago, en calidad de responsables de comunidad, los que elevan su voz y dan una orientación decisiva al proceso de discernimiento. Quien preside la comunidad debe acompañar el proceso de discernimiento, defender la libertad de expresión individual, de escucharse y comprenderse mutuamente; promover el consenso y la armonía entre los miembros. Es fundamental fomentar en el proceso de discernimiento una “reciprocidad entre la asamblea y quienes la presiden, en un clima de apertura al Espíritu y confianza mutua, en busca de un consenso lo más unánime posible” (DF 90).

San Pablo también nos entrega un ejemplo de cómo debe vivirse la autoridad dentro de la comunidad. Ante el peligro de desorientación, él no apela al dictamen de los entendidos o a la decisión de los responsables, sino que prefiere apelar a la responsabilidad de todos, al instinto cristiano de que todos y cada uno debe poner en práctica. La solución no es una hipotética decisión que viene de fuera de la comunidad, sino la luz y la fuerza que el Espíritu suscita en los miembros de la comunidad cristiana10. “No apaguen el Espíritu, no tengan en poco los mensajes inspirados; pero examínenlo todo, retengan lo que haya de bueno y manténganse lejos de toda clase de mal” (1 Tes 5, 19-22). Dios sigue hablando hoy y el futuro esta abierto. Tras el recién concluido Jubileo de la Esperanza, seguimos teniendo más motivos para seguir esperando.

 

Envío y desafío: Un motivo para seguir esperando

Para proseguir y profundizar en el camino del discernimiento, presentamos seis pasos que se propusieron en el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad11, y que serán de ayuda para el trabajo de cada comunidad: 

· La presentación clara del objeto de discernimiento y el suministro de información e instrumentos adecuados para su comprensión.

· Un tiempo adecuado para prepararse con la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la reflexión sobre el tema.

· Una disposición interior de libertad con respecto a los propios intereses, personales y de grupo, y un compromiso con la búsqueda del bien común.

· Una escucha respetuosa y profunda de las palabras del otro.

· La búsqueda del consenso más amplio posible, que surgirá a través de aquello que más “hace arder los corazones”, sin ocultar los conflictos ni buscar compromisos que lo rebajen.

· La formulación, por parte de quienes dirigen el proceso, del consenso alcanzado y su presentación a todos los participantes, para que puedan expresar si se reconocen o no en él.

 

El diálogo puede transformar nuestra vida eclesial. El Espíritu Santo obra en y a través de nuestras conversaciones, transformándolas en espacios de encuentro, de discernimiento y de revelación. Una herramienta fundamental para la vida misma de la Iglesia en el mundo contemporáneo es la conversación en el Espíritu, pues permite la escucha y el discernimiento de “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2,7). Su práctica ha causado alegría, asombro y gratitud y se ha experimentado como un camino de renovación que transforma a las personas, a los grupos y a la Iglesia12. Conversar “en el Espíritu” significa vivir la experiencia de compartir a la luz de la fe y en la búsqueda del querer de Dios, en un clima evangélico en el que el Espíritu Santo puede hacer oír su voz inconfundible (cf. DF 45)

No olvidemos que la sinodalidad es un estilo y una forma de ser con la que la Iglesia de Santiago quiere vivir su misión en la gran ciudad que habitamos. Es todo el pueblo de Dios que peregrina en Santiago, guiado por nuestro Pastor, a quienes corresponde ponerse en camino, cada uno y cada una con sus dones y carismas, desempeñando los diferentes servicios, como un solo cuerpo. En una Iglesia sinodal hay diferentes ritmos. Unos, urgidos por las llamadas que experimentan y las necesidades que ven a su alrededor, quieren avanzar más rápido. Otros, con el deseo de hacerlo todo correctamente, quieren avanzar más seguros y más despacio. Cuando somos muchos los que avanzamos juntos, como el pueblo que caminaba en el desierto, son particularmente deseables la actitud de Juan, que espera, y la de Pedro, que acelera el paso. Será importante mantener la “disciplina del éxodo”, de modo que, aunque el pueblo se estire no se rompa13.

 Aprovechemos este tiempo para que todos juntos discernamos en nuestras propias comunidades y que la implementación de las Orientaciones Pastorales de la Iglesia de Santiago –a la luz del Espíritu y con el deseo de ofrecer a la ciudad de Santiago – sea “un motivo para seguir esperando”. Que el Apóstol Santiago nos contagie con su ardor misionero para que juntos podamos construir el Reino de Dios en nuestra gran ciudad14.

 

 

 

 

+ Álvaro Chordi Miranda
Obispo auxiliar de Santiago
Vicario para la Pastoral / Vicario Zona Centro

 

 



1  PAPA FRANCISCO, El corazón nos habla de Dios. La importancia del discernimiento para la vida actual, Librería Editrice Vaticana – Ediciones Mensajero, Bilbao 2023, 24.

2  EUGENIO ALBURQUERQUE, El discernimiento cristiano. Fundamentos y práctica, CCS, Madrid 2018, 7.

3  JOSÉ MARÍA CASTILLO, El discernimiento cristiano. Por una conciencia crítica, Sígueme, Salamanca 2007, 54.

4  JUAN PABLO II, Pastores dabo vobis, 10.

5  ARZOBISPADO DE SANTIAGO, Anunciemos la alegría del Evangelio en nuestra ciudad. Orientaciones pastorales 2025-2029, Santiago 2025, 3.

6  Cf. PAPA FRANCISCO, Discurso a los nuevos obispos ordenados durante el último año, 14 de septiembre de 2017.

7  Cf. Gaudium et spes 11.

8  VITO MIGNOZZI – SERENA NOCETI, Discernimiento comunitario. Un reto “en el corazón” de la sinodalidad eclesial, Cuadernillos de Sinodalidad – Dinámicas, CELAM – Editorial Claretiana – Publicaciones Claretianas, Madrid, 2025.

9  Cf. XVI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Documento Final, 82.

10  JOSÉ MARÍA CASTILLO, ídem 51.

11  DF 84.

12  Cf. M. MARCELA MAZZINI – FERNANDO SOLER (eds.), Teología de la conversación en el Espíritu. Una exploración interdisciplinar, Agape Libros, Buenos Aires 2024.

13  Cf. JUAN A. GUERRERO – OSCAR MARTÍN, Conversación espiritual, discernimiento y sinodalidad, Sal Terrae, Maliaño 2023, 18. Un método general de discernimiento común lo podemos encontrar en: https://bit.ly/43kUBaB

14  ARZOBISPADO DE SANTIAGO, idem, 27.

Llevamos la alegría del Evangelio a la gran ciudad.

Contáctanos

© 2024 Vicaría Zona Centro – Arquidiócesis de Santiago
Elaborado por Agencia Lumen

Llevamos la alegría del Evangelio a la gran ciudad.

Contáctanos

© 2024 Vicaría Zona Centro – Arquidiócesis de Santiago
Elaborado por Agencia Lumen