Corazón Pastoral

Impulsado por la publicación de las Orientaciones Pastorales 2025-2029 de la Arquidiócesis de Santiago, comparto una serie de reflexiones con mayor profundidad pastoral, a la luz de la vida que el Espíritu nos va regalando en las diversas comunidades en las que vivimos y anunciamos el Evangelio de Jesucristo.

Cada reflexión nace de una inquietud evangelizadora que mueve mi corazón de Pastor en forma de pregunta, y va seguida de una sencilla argumentación teológico-pastoral que, ojalá, ayude a anunciar la alegría del Evangelio en nuestra ciudad.

 

+ Álvaro Chordi Miranda
Vicario Zona Centro /Vicario para la Pastoral

  • Revisa las Orientaciones Pastorales 2025-2029 y el material de trabajo AQUÍ.

 

  • Descarga la reflexiones «Corazón Pastoral» a continuación:
    • N°1 «Proximidad: Nuestra parroquia es el barrio». Descarga AQUÍ.
    • N°2 «Renovación: Una Iglesia renovada en el Espíritu». Descarga AQUÍ.
    • N°3 «Pobres: La brújula para la misión de la Iglesia». Descarga AQUÍ.
    • N°4 «Sinodalidad. Caminar juntos: una forma eclesial de ser comunidad para renovar nuestra misión evangelizadora. Descarga AQUÍ
    • N°5 «Discernimiento: ¿A dónde nos quieres llevar, Señor? Descarga AQUÍ
      N°6 «Santiago, una ciudad que vuelve a su patrono» Descarga AQUÍ

Julio 2026

N°6: Santiago
una ciudad que vuelve a su patrono

La ciudad de Santiago fue fundada el 12 de febrero de 1541 por Pedro de Valdivia con el nombre de Santiago del Nuevo Extremo, poniéndola bajo el patrocinio del apóstol Santiago, evangelizador de Hispania según la tradición cristiana y, sobre todo, testigo fiel de Cristo hasta dar la vida por el Evangelio.

Aun cuando la devoción popular en la ciudad está más centrada en advocaciones como la Virgen del Carmen, patrona de Chile, o en santos como Teresa de los Andes y Alberto Hurtado, e incluso, la Catedral Metropolitana de Santiago está dedicada a la Asunción de la Virgen María, hoy, 25 de julio, celebramos con alegría la solemnidad de Santiago, apóstol y peregrino, por tratarse de la ciudad y la arquidiócesis que llevan su nombre. Y no se trata solo de levantar estatuas, celebrar con más solemnidad su fiesta o seguir promoviendo la Vía de los Andes, sino sobre todo de parecernos más a este apóstol y testigo que dejó la comodidad para seguir a Jesús, que caminó sin detenerse y que anunció el Evangelio en dirección al poniente, surcando el Mediterráneo y alcanzando el finis terrae: “Serán mis testigos de Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra” (Hch 1,8).

Nuestra ciudad será verdaderamente “Santiago” cuando sea una ciudad realmente discípula, peregrina y misionera.

Santiago era hermano de Juan, hijo de Zebedeo. Ambos eran pescadores y vivían en Betsaida. Trabajaban en el mar de Genesaret y fue allí, junto a la orilla, donde Jesús los encontró remendando las redes. Los llamó para que lo siguieran y se convirtieran en pescadores de hombres, y al instante, sin demora, los dos hermanos dejaron las redes y siguieron al Maestro (cf. Mt 4,21-22; Mc 1,19-20). Junto con Pedro, pertenecen al grupo de los tres discípulos privilegiados que acompañaron a Jesús en los momentos importantes de su vida: en la gloria de la transfiguración (cf. Mc 9,1-8; Mt 17,1-6; Lc 9,28-36) y en el dolor de Getsemaní (cf. Mt 26,36-46; Mc 14,32-42); en el momento de la curación milagrosa de la suegra de Pedro (cf. Lc 4,31-38), cuando resucitó a la hija de Jairo (cf. Lc 8,49-56) y cuando, con un comportamiento vehemente, pretendieron hacer caer fuego sobre una ciudad de Samaria que no había querido acoger a Jesús (cf. Lc 9,54). Fue precisamente esto lo que llevó a Jesús a apodar a los dos hermanos “hijos del trueno”. Santiago fue apresado y condenado a muerte por el déspota Herodes (cf. Hch 12,2-3) en Jerusalén, entre los años 41 y 44. Hoy Santiago será una ciudad discípula si simpatizara más con Jesús, si sus habitantes vivieran una comunión plena con el Maestro, si se entregaran incondicionalmente a su persona y si, más que transmitir ideas, dieran testimonio leal y obediente de él.

Hoy Santiago sería una ciudad discípula si aprendiera a escucharse mutuamente, superando la polarización social y política; si pusiera en el centro la dignidad de Corazón Pastoral 06 1 cada persona, especialmente de quienes viven en la pobreza, la soledad o la exclusión; si promoviera una cultura del encuentro, del diálogo y del cuidado del bien común; y si nuestras comunidades dedicaran más tiempo a formar discípulos que a organizar actividades.

Todos los apóstoles elegidos por Jesús son discípulos, pero no todos los discípulos son apóstoles. El discípulo es quien sigue al Maestro, aprende de Él y vive de su palabra; el apóstol, en cambio, es además enviado por Cristo con una misión específica al servicio del Evangelio y de la Iglesia. Jesús constituyó a los Doce “para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14). Estar con Jesús fue el primer paso: compartir su vida, escuchar su enseñanza y dejarse transformar por su amistad. Solo después vino el envío misionero.

En las primeras comunidades cristianas, los apóstoles ejercían una autoridad reconocida. A ellos les correspondía discernir y confirmar las decisiones más importantes (cf. Hch 15), instituir nuevos ministerios, organizar la vida de la comunidad e impulsar la misión entre los pueblos paganos (cf. Hch 6; 10; 15). Santiago no se presenta como delegado de una comunidad humana, sino como enviado por el mismo Cristo. Su autoridad nace del encuentro personal con el Señor y de la llamada recibida de Él. El encuentro con Cristo resucitado transforma al discípulo en apóstol: le confiere una misión, le concede autoridad para anunciar el Evangelio y configura toda su existencia como testigo del Señor hasta entregar la vida por Él.

El apóstol Santiago es también el santo peregrino. Desde la muerte de Jesús hasta el año 44, cuando se cree que tiene lugar su ejecución, pasaron unos cuantos años. Los apóstoles, un poco más tarde que los otros discípulos, salieron de Jerusalén para predicar el Evangelio en otros lugares. Según la tradición, el apóstol Santiago fue a Galicia, y después de algún tiempo volvió a Jerusalén, donde fue decapitado. San Jerónimo considera que los apóstoles recibieron sepultura en el lugar de su predicación. Atanasio y Teodoro, discípulos de Santiago el Mayor, recogieron el cuerpo del apóstol y lo trasladaron al lugar de su trabajo apostólico, primero a Iria Flavia (actual Padrón) y después a Compostela. Allí se construyó más tarde un imponente santuario que, desde la Edad Media, se convirtió en uno de los centros más importantes de la cristiandad. El papa León XIII, en 1884, calificó estos hechos de auténticos.

Hoy Santiago será verdaderamente una ciudad peregrina si no se resigna a sus desigualdades, sino que trabaja por superarlas; si abre sus brazos al migrante, al visitante y a quien llega buscando un futuro mejor; si redescubre la alegría de caminar juntos, tejiendo lazos entre barrios, generaciones y culturas; y si comprende que peregrinar no es solo recorrer calles o llegar a un santuario, sino caminar hacia el corazón de cada hermano. Una ciudad peregrina es aquella donde cada persona encuentra un rostro que la acoge, una mano que la sostiene y un corazón con sabor de hogar. Es una ciudad donde nadie se siente extranjero, porque todos descubren que tienen un lugar, un nombre y una comunidad que los recibe. Así, la fe deja de ser una experiencia individual para convertirse en un camino compartido, en el que Cristo sale al encuentro de cada peregrino y nos invita a reconocernos mutuamente como hermanos. 

La llamada de Santiago al apostolado implica precisamente este envío misionero. Como los demás apóstoles, fue enviado a anunciar el Evangelio, probablemente en un primer momento junto a otro compañero, según el estilo de la misión «de dos en dos». Su predicación estuvo acompañada por signos que manifestaban la fuerza del Espíritu Santo. La misión del apóstol consiste, ante todo, en anunciar a Jesucristo. Como recuerda san Pablo, la predicación ocupa el primer lugar, mientras que el bautismo y los demás servicios están al servicio de esa misión evangelizadora (cf. 1 Co 1,17). El apóstol sabe también que el sufrimiento forma parte inseparable de su vocación: persecuciones, fatigas e incomprensiones son el precio de anunciar fielmente el Evangelio (cf. 1 Co 4,9-13; 2 Co 4,7-12; 11,23-29). El apóstol Santiago congrega a nuevos discípulos, crea nuevas comunidades y lleva el Evangelio hasta los confines del mundo conocido.

Hoy Santiago será una ciudad misionera si los cristianos salieran al encuentro de quienes nunca entrarían a una iglesia; si las parroquias fueran comunidades abiertas, presentes en las calles, los hospitales, las cárceles, las escuelas y las universidades; si el anuncio del Evangelio fuera unido a gestos concretos de conversión, justicia, reconciliación y servicio; y si cada bautizado se sintiera enviado, y no solo invitado a participar.

Nuestra ciudad llegará a ser verdaderamente digna de llamarse “Santiago” cuando cada una de nuestras comunidades sea discípula, peregrina y misionera, reflejando en su vida los rasgos del apóstol que le dio su nombre y que quiere imprimirle su carisma de testigo de la resurrección de Cristo.

Quisiera concluir esta reflexión invitando a las comunidades de la Zona Centro a redescubrir y promover la devoción a nuestro santo patrono, el apóstol Santiago. Una ciudad que lleva su nombre no puede olvidar a quien, con su testimonio y martirio, nos recuerda que la fe siempre se vive en camino y en misión.

Hoy celebramos su solemnidad en la Catedral Metropolitana, presididos por nuestro Pastor, el cardenal Fernando Chomali G., quien entregará la Cruz de Santiago a personas que, con una vida sencilla y generosa, hacen visible el Evangelio en nuestra ciudad. Son hombres y mujeres que, como el apóstol, nos muestran que la santidad sigue siendo posible en medio de la vida cotidiana; especialmente este año, en el amor fiel de los esposos, en la entrega silenciosa de las familias y comunidades, y en el servicio perseverante a la Iglesia y a los más necesitados.

Sería hermoso que esta fiesta no se redujera a un solo día al año, sino que fuera alimentando una auténtica espiritualidad santiaguina. Podríamos invocar diariamente al apóstol Santiago en la plegaria eucarística, celebrar la misa votiva cada día 25 de mes, impulsar la Vía de los Andes como itinerario de peregrinación, fomentar la oración ante la imagen del Santo Patrono en la Catedral Metropolitana, hacer sonar las campanas de todas las iglesias al mediodía del 25 de julio como signo de comunión, organizar una novena urbana, promover una catequesis sobre el significado cristiano del nombre de nuestra ciudad y prepararnos para vivir con entusiasmo el próximo Año Santo Compostelano, peregrinando como Iglesia arquidiocesana a nuestra Catedral.

Solo una ciudad que recuerda sus raíces puede abrir con esperanza su futuro. Y solo una Iglesia que camina tras las huellas de los apóstoles puede convertirse en una Iglesia verdaderamente discípula, peregrina y misionera. Como expresan las Orientaciones Pastorales de nuestra Iglesia particular, fundada en 1561: “Que el apóstol Santiago nos contagie su ardor misionero para que, juntos, podamos construir el Reino de Dios en nuestra gran ciudad”. Que él nos enseñe a caminar con Cristo, a salir al encuentro de cada hermano y a hacer de Santiago una ciudad donde todo peregrino encuentre un corazón con sabor a hogar.



Señor Jesús, así como llamaste a Santiago junto al lago y transformaste su corazón, llama también a nuestra ciudad de Santiago. Haz de nosotros una Iglesia discípula que escucha tu Palabra, peregrina que camina con todos y misionera que sale al encuentro de quienes más necesitan tu amor. Que el nombre de nuestra ciudad y de nuestra arquidiócesis no sea solo un recuerdo histórico, sino una vocación permanente a seguir a Cristo como discípulos, caminar como peregrinos y anunciar el Evangelio como misioneros. Amén.



+ Álvaro Chordi Miranda
Obispo auxiliar de Santiago
 / Vicario Zona Centro



BIBLIOGRAFÍA

BENEDICTO XVI, La Iglesia, rostro de Cristo, Ediciones Cristiandad, Madrid 2007, 83-87.
IGLESIA DE SANTIAGO, Anunciemos la alegría del Evangelio en nuestra ciudad. Orientaciones Pastorales 2025-2029, Santiago 2025, 27.
JAVIER MANSO, Santiago, apóstol. El hijo del trueno, San Pablo, Madrid 2025.
JOSÉ FERNÁNDEZ LAGO, El apóstol Santiago: amigo, discípulo y testigo de Jesús, Santiago de Compostela 2021.
JOSÉ MANUEL BERNAL LLORENTE, Los doce apóstoles y sus sucesores, PPC, Madrid 2026.

Llevamos la alegría del Evangelio a la gran ciudad.

Contáctanos

© 2024 Vicaría Zona Centro – Arquidiócesis de Santiago
Elaborado por Agencia Lumen

Llevamos la alegría del Evangelio a la gran ciudad.

Contáctanos

© 2024 Vicaría Zona Centro – Arquidiócesis de Santiago
Elaborado por Agencia Lumen