Corazón Pastoral

Diciembre 2025

N°4: Sinodalidad
Caminar juntos: una forma eclesial de ser comunidad para renovar nuestra misión evangelizadora

 

Desde hace tiempo deseo compartir con ustedes una serie de reflexiones pastorales a la luz de nuestra presencia evangelizadora en la Zona Centro de Santiago.

Impulsado además, por la reciente publicación de las Orientaciones Pastorales 2025-2029 de la Arquidiócesis de Santiago, iré entregando una serie de reflexiones con mayor profundidad pastoral, a la luz de la vida que el Espíritu nos va regalando en las diversas comunidades en las que vivimos y anunciamos el Evangelio de Jesucristo.

Este espacio mensual arranca con una inquietud evangelizadora que mueve mi corazón de Pastor en forma de pregunta, y le sigue una sencilla argumentación teológico-pastoral que, ojalá, ayude a anunciar la alegría del Evangelio en nuestra ciudad.

 

 

+ Álvaro Chordi Miranda
Vicario Zona Centro /Vicario para la Pastoral

 

  • Revisa las Orientaciones Pastorales 2025-2029 y el material de trabajo AQUÍ.

 

  • Descarga la reflexiones «Corazón Pastoral» a continuación:
    • N°1 «Proximidad: Nuestra parroquia es el barrio». Haz clic AQUÍ.
    • N°2 «Renovación: Una Iglesia renovada en el Espíritu». Haz clic AQUÍ.
    • N°3 «Pobres: La brújula para la misión de la Iglesia». Haz clic AQUÍ.
    • N°4 «Sinodalidad. Caminar juntos: una forma eclesial de ser comunidad para renovar nuestra misión evangelizadora. Haz clic AQUÍ

 

SINODALIDAD

Caminar juntos: una forma eclesial de ser comunidad para renovar nuestra misión evangelizadora 

 

Diciembre de 2025

 

Caminar juntos ya no es una opción, sino una necesidad vital. El Papa Francisco le ha dado un nombre claro: sinodalidad, que describe como “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”1. La Iglesia es el pueblo de Dios Padre, el cuerpo de Cristo y el templo del Espíritu Santo (LG 4). Las imágenes propuestas por el Vaticano II muestran un elemento común: la unidad en la diversidad, lo que significa que la totalidad de los dones del Espíritu solo se encuentra en la totalidad del Pueblo de Dios. Eso nos lleva naturalmente a un modo de ser basado en la escucha mutua y la corresponsabilidad2. Las enseñanzas de las Sagradas Escrituras y de la Tradición, atestiguan también que la sinodalidad es constitutiva de la Iglesia, pues a través de ella se manifiesta y se configura como Pueblo de Dios en camino y Asamblea convocada por el Señor resucitado3. 

En suma, la sinodalidad es más que un procedimiento operativo o un método de discernimiento comunitario. Expresa la misma naturaleza de la Iglesia, como vemos en el Concilio de Jerusalén (Hch 15,2-29). Es la forma peculiar en que la Iglesia vive y actúa.

Inspirada en esa visión, la Iglesia de Santiago recoge el desafío en sus Orientaciones Pastorales, proponiendo la sinodalidad como el gran camino comunitario de renovación y reforma para lograr nuestra misión de irradiar a Cristo4.

 

El nosotros-eclesial

En las primeras comunidades cristianas se encuentran testimonios que revelan un “nosotros-eclesial”5. Por ejemplo: se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones; tenían todo en común (cf. Hch 2,42.44). Pues, “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común” (Hch 4,32).

En ese contexto del “nosotros-eclesial” se constata que “la sinodalidad expresa la condición de sujeto que le corresponde a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia. Los creyentes son compañeros de camino, llamados a ser sujetos activos en cuanto participantes del único sacerdocio de Cristo y destinatarios de los diversos carismas otorgados por el Espíritu Santo en vista del bien común.

La vida sinodal es testimonio de una Iglesia constituida por personas libres y diversas, que se manifiesta como un solo sujeto comunitario que, afirmado sobre la piedra angular que es Cristo y sobre columnas que son los Apóstoles, es edificado como piedra viva (cf. CTI 55). Así, el lugar de la mediación del Espíritu no se sitúa en individuos o fieles particulares, sino en el pueblo de Dios en su conjunto, es decir, en la totalidad de los fieles, que tienen la unción del Espíritu Santo y no pueden equivocarse6. Para eso se requiere una comunidad que se vaya conformando corporal y anímicamente a Jesús en su forma de ser, pensar, amar y actuar a través de la escucha frecuente de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, la oración, el discernimiento común, la catequesis, la formación y el compromiso con los pobres. Pero, sobre todo, una necesaria vivencia espiritual que se conforma de modo singular en la liturgia de la Iglesia, hasta el punto de estar muy centrada en quien es fuente y fuerza en su vida: Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios encarnado, el Señor resucitado7.

Así las comunidades cristianas de Santiago –parroquias, instituciones educativas, movimientos, etc.– están invitadas a promover un discernimiento comunitario para escuchar la voz del Espíritu a la luz de las Orientaciones Pastorales de la Arquidiócesis durante el primer semestre de 2026 y definir luego un plan pastoral trienal de acuerdo a sus posibilidades e impacto en la sociedad.

 

Repensar la institucionalidad en clave sinodal

La sinodalidad requiere pensar en una estructura institucional que la refleje dentro de nuestra comunidad eclesial. “Caminar juntos –laicos, pastores, obispo de Roma– es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”8. Por ello es importante que trabajemos de manera conjunta y creativa: canonistas9, teólogos10 y pastoralistas11. Y que estemos disponibles y abiertos a las mociones del Espíritu, pues llegará el momento que nos preguntemos: ¿qué prácticas o responsabilidades estamos dispuestos a revisar, perder o asumir? Lo anterior implica superar algunos paradigmas, tales como “la concentración de la responsabilidad de la misión en el ministerio de los Pastores; el insuficiente aprecio de la vida consagrada y de los dones carismáticos; la escasa valoración del aporte específico cualificado, en su ámbito de competencia, de los fieles laicos, y entre ellos, de las mujeres” (CTI 105).

 

Ministerio ordenado y sinodalidad

Hoy tenemos mayor conciencia de que la Iglesia que Jesús quería12 no es una sociedad desigual formada por una “multitud [de laicos que] no tiene otro derecho que el de dejarse conducir por sus pastores y seguirlos como un rebaño dócil”, como afirmaba el papa Pío X en su encíclica Vehementer nos13. A esto ayudó el papa Pío XII, que en un discurso del año 1946 dirigido a los nuevos cardenales, afirmaba que los laicos “deben tomar cada vez mayor conciencia de que, además de pertenecer a la Iglesia, son también la Iglesia” (cf. ChL 9). Por su parte, el Concilio Vaticano II recordó que la función de los pastores consiste en “apacentar a los fieles y reconocer sus servicios y carismas de tal suerte que todos, a su modo, cooperen unánimemente en la obra común” (LG 30).

¿Cómo comprender los roles de servicio y de gobierno dentro de la comunidad? Lamentablemente, muchos siguen entendiendo la vocación al sacerdocio únicamente como una llamada íntima y personal de Cristo, hasta el punto de que decimos “tiene vocación” o “se ha hecho sacerdote”, dejando de lado la dimensión comunitaria del llamado. Dios llama por medio de la Iglesia para servirla como ministros ordenados, ya sea como diáconos, presbíteros u obispos. La gracia de la ordenación no es para uso personal, sino para ejercer el ministerio de la edificación de todo el cuerpo de Cristo. Lejos de ser un atributo de la persona ordenada, el presbítero es alter Christus –otro Cristo–, no ipse Christus –Cristo mismo–14. Ese modo de concebir el ministerio ordenado se traduce en relaciones, prácticas y corresponsabilidades concretas en la vida eclesial que se traduce en un gobierno que se ejerce de manera sinodal.

El objetivo de la sinodalidad no es alterar la misión del ministro ordenado, sino más bien redefinir su papel dentro de una Iglesia en la que la tarea pastoral se comparte entre todos los fieles. El ministerio ordenado sirve a la armonía, orientado a que la diversidad de carismas y vocaciones confluyan en la misión común de la Iglesia. Para el ejercicio de su ministerio es importante el discernimiento vocacional y comunitario, la toma de decisiones compartidas y la transparencia y rendición de cuentas.

 

Avanzando en sinodalidad

En una Iglesia sinodal toda la comunidad es convocada para orar, escuchar, analizar, dialogar, discernir y aconsejar para que se tomen las decisiones para la misión (DF 87). Escuchar al pueblo de Dios es escuchar verdaderamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Se trata entonces de avanzar en la puesta en práctica de nuevos procedimientos más conformes con la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios. 

El Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad15 más que un procedimiento detallado, nos ofrece un criterio aplicable a cualquier tipo de estructura de participación, pues distingue dos fases en cualquier proceso de toma de decisiones en la Iglesia: la fase de elaboración o instrucción mediante un trabajo conjunto de discernimiento en el que participan “todos”, y una segunda fase de toma de decisión propiamente dicha que corresponde a la autoridad competente. De este modo, el proceso participativo para elaborar una decisión se encuadraría dentro de lo que se denomina una competencia sinodal; mientras que la toma de decisión jerárquica propiamente dicha, sería expresión de una competencia ministerial. Los dos momentos son imprescindibles e irrenunciables. Además, entre ambas fases no hay competencia ni contraposición, sino que por su articulación contribuyen a que las decisiones adoptadas sean fruto de la obediencia de todos a lo que Dios quiere para su Iglesia” (cf. DF 90).

Tras dicho Documento, la Iglesia de Santiago sigue de cerca las Pistas para la fase de Implementación del Sínodo 2025-202816, cuyo objetivo es poner en práctica estructuras y dinámicas renovadas, que hagan que la vida de la Iglesia sea cada vez más sinodal. Uno de los hitos de esta fase es la constitución del Equipo Sinodal que, con 15 miembros, es presidido por el pastor de la Arquidiócesis. Se trata de que identifiquemos “caminos concretos e itinerarios formativos para realizar una conversión sinodal tangible en las diversas realidades eclesiales” (DF 9). Este verdadero laboratorio de sinodalidad experimenta en su interior las dinámicas que están llamados a promover en el pueblo de Dios y está llamado a favorecer una mayor participación en el proceso sinodal.

Nuestra participación en el Jubileo de los equipos sinodales y de los organismos de participación junto a dos mil peregrinos (Roma, octubre de 2025), nos permitió conocer la implementación del Sínodo de la Sinodalidad en los cinco continentes e identificar en seminarios y talleres, algunos aspectos prioritarios para el camino de los equipos sinodales. Entre ellos se encuentran: la formación en la espiritualidad sinodal, la conexión entre la escucha del Pueblo de Dios y el discernimiento pastoral y operativo, la atención a las culturas en los diferentes contextos y su evangelización, el acompañamiento de quienes viven miedos o decepciones con respecto al proceso sinodal, la valorización y la formación de sacerdotes y diáconos, la recopilación y el intercambio de buenas prácticas a nivel global, la profundización teológica de algunos temas y una mayor atención a la dimensión pastoral y misionera.

El caminar sinodal requiere de tiempo, procesos y paciencia. Las acciones aisladas y no articuladas terminan siendo muchas veces estériles. Hemos de buscar procesos interrelacionados e interdisciplinares, que partan de la realidad, abarquen la vida y den protagonismo a las personas con las que se camina, pues muchas veces el ritmo de las transformaciones no responde a las expectativas que existen. Se requiere un discernimiento de los signos de los tiempos, prudencia y paciencia, y también un coraje perspicaz17.

En definitiva, la sinodalidad no es un fin en sí misma, sino un camino al servicio de la evangelización. Si queremos una Iglesia de Santiago más misionera y evangelizadora, hemos de practicar, sin duda, la sinodalidad, pues compartiendo experiencias y buenas prácticas sobre ella, en realidad estaremos evangelizando.

Somos la comunidad de Jesús que avanza hacia el reino de Dios. Como bautizados y bautizadas, aprendamos unos de otros, tejamos relaciones, curemos heridas, creemos un imaginario positivo que ilumine la mente, enardezca el corazón y fortalezca las manos. Y coloquémonos frente al misterio luminoso de ese Dios que siempre viene, que tomó la decisión de hacerse uno de nosotros para devolvernos al camino que nos conduce a la vida plena que soñó para sus hijos e hijas. Que tras un rico Año Jubilar, en compañía de María, nuestra Madre, esta Navidad caminemos juntos con la esperanza llena de certezas.

 

 

 

+ Álvaro Chordi Miranda
 Obispo auxiliar de Santiago
Vicario para la Pastoral / Vicario Zona Centro

 

 

 


1  PAPA FRANCISCO, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015): AAS 107 (2015) 1139.

2  COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, San Pablo 2018. Este documento ofrece algunas líneas teológicas y orientaciones pastorales útiles para profundizar en la sinodalidad de la Iglesia. En adelante, citamos como CTI.

3  Cf. SANTIAGO MADRIGAL (ed.), La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Texto y comentario del Documento de la Comisión Teológica Internacional, BAC, Madrid 2022.

4  ARZOBISPADO DE SANTIAGO, Anunciemos la alegría del Evangelio en nuestra ciudad. Orientaciones pastorales 2025-2029, Santiago 2025, 17-20.

5  SALVADOR PIÉ-NINOT, La sinodalidad como el “caminar juntos” en la Iglesia, Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 2021, 22-32.

6  Cf. YVES CONGAR, Jalones para una teología del laicado, Estela, Barcelona 1963, 351.

7  EMILIO J. JUSTO, Una Iglesia viva. Claves teológicas y espirituales para la renovación, Sígueme, Salamanca 2025, 44-47.

8  PAPA FRANCISCO, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015): AAS 107 (2015) 1139.

9  CARMEN PEÑA, Proyecciones y cambios canónicos para una efectiva participación del laicado, en CÉSAR KUZMA (ed.), El laicado en una Iglesia sinodal. Corresponsabilidad, participación y misión, San Pablo, Madrid 2024, 185-214.

10  CARLOS MARÍA GALLI, El Espíritu Santo y nosotros, Sal Terrae, Santander 24.

11  Resulta práctico el libro de pastoral aplicada que ofrece pautas específicas para trabajar personalmente y en grupo la sinodalidad: ANGEL TÉLLEZ SÁNCHEZ – HERMINIO OTERO, Por una Iglesia sinodal. Relanzamiento del Concilio Vaticano II. Materiales de trabajo para comunidades y grupos cristianos, PPC, Madrid 2024. También son muy útiles la colección de 28 libros breves, escritos por expertos, que combinan reflexión teológico-sistemático esencial sobre distintos aspectos de la sinodalidad relativos a sujetos, dinámicas y estructuras con sugerencias operativas para la reflexión personal y la renovación pastoral: RAFAEL LUCIANI – SERENA NOCETI, Cuadernillos de sinodalidad, CELAM-Editorial Claretiana, Buenos Aires, 2024.

12  GERHARD LOHFINK, La Iglesia que Jesús quería. Dimensión comunitaria de la fe cristiana, Desclée de Brouwer 19862.

13  PIO X, Encíclica Vehementer nos, 11 de febrero de 1906.

14  HERVÉ-MARIE LEGRAND, La sinodalidad es práctica. Un alegato en favor del aprendizaje, en M. ANDRAOS, TH.-M. COURAU Y C. MENDOZA-ÁLVAREZ (eds.), Sinodalidades, Revista Internacional de Teología Concilium n. 390 (abril 2021), Verbo Divino, Estella 2021, 291-303.

15  PAPA FRANCISCO – XVI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Documento final (octubre de 2024) con una Nota de acompañamiento del Papa Francisco, BAC, Madrid 2024.

16  SECRETARÍA GENERAL DEL SÍNODO, Pistas para la fase de implementación del Sínodo 2025-2028, BAC, Madrid 2025.

17  GLORIA LILIANA FRANCO ECHEVERRI ODN, Con ellas: Mujeres consagradas en el espíritu de la sinodalidad, CELAM, Bogotá 2023, 253-254.

 

Llevamos la alegría del Evangelio a la gran ciudad.

Contáctanos

© 2024 Vicaría Zona Centro – Arquidiócesis de Santiago
Elaborado por Agencia Lumen

Llevamos la alegría del Evangelio a la gran ciudad.

Contáctanos

© 2024 Vicaría Zona Centro – Arquidiócesis de Santiago
Elaborado por Agencia Lumen