Con profundo agradecimiento queremos destacar el cariño, la organización y el entusiasmo con que las comunidades de nuestra Zona Centro respondieron ante la emergencia provocada por los incendios en el sur de Chile.
Fueron dos semanas de trabajo coordinado, espíritu fraterno y de generosidad que se expresó con fuerza en cada comunidad que actuó como centro de acopio. Reunieron alimentos no perecibles, artículos de aseo y también esperanza y alivio para los hermanos y hermanas que sufren en el sur de nuestro país.
A cada comunidad, voluntario y persona que colaboró, gracias de corazón. Cada gesto, cada aporte y cada hora entregada hablan de una Iglesia viva, atenta y comprometida con el dolor de los demás.
Sigamos caminando juntos, convencidos de que cuando el amor se comparte, siempre encuentra el camino para llegar.
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